Su mano
para las SeŇoras que viven
en las calles de Mexicali
SeŇora descalza
extendiende su mano
sus ojos caidos
sus ojos perdidos
est· canzada
del concreto que razpa sus cayos
de ir por las calles pisando la orina
que sale de las cantinas
la saliva de borrachos
la SeŇora no baja su mano
tiene hambre,
no es reconocida
por nadie,
no tengo con que
levantar sus ojos.
AgustĚn Palacios